Da gustito pagar dinero por ver dos horas de buena dirección, luz e imagen cuidadas y sonido sugerente, en una perfecta sintonía audiovisual.
Tiene aires de road movie de hoy con una estética ochentena, pero con un tipo duro de verdad, de los de antes. De hecho, el protagonista de la cinta podría ser el álter ego de Travis Bickle.
Ryan Gosling interpreta a un personaje discreto y reservado, maneja los tiempos y miradas de manera maestra y desde luego que es la herramienta perfecta para poner en marcha un trasfondo literario con mucha miga.
¿Quién dijo que el escorpión no puede probar el amor? Puede hacerlo, pero cada uno es lo que es, y tendrá que soportar las dificultades propias de su naturaleza violenta, así como la de sus depredadores que vuelan por encima subestimando su letalidad. Aunque no es una película violenta, alguna de las secuencias puede resultar un poco gore, pero es lo que toca cuando te enfrentas ante tal depredador.
Como el guión está inspirado en una fábula popular, aquí la tenéis por si queréis expoliar la peli.
El escorpión y la rana.
Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le
acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar
el río? Puedes llevarme a tu espalda… —¿Que te lleve a mi espalda?
—contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda,
sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede
ser. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si
te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y que yo, como no sé
nadar, también me ahogaré?
Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma: —Si este
escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que
sea tan tonto como para hacerlo. Y entonces, la rana se dirigió al
escorpión y le dijo: —Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a
ayudar a cruzar el río. El escorpión se colocó sobre la resbaladiza
espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río
donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De
repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se
extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con
ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le
quedaban para decirle: —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú
también vas a morir. Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:
—Lo siento ranita. Es mi naturaleza, es mi esencia, no he podido
evitarlo, no puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi
naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido
a comportarme. Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el
escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.